
"Pisteando como un campeón" (a lo youtube)
No puedo creer que por fin me metí a un curso de manejo. No quería hacerlo, pensando en que aprendería con mi hermano o mi pololo, pero la verdad es que si seguía creyendo en eso, el día del ñafle saco documentos.
Si a mis 17 años me hubiesen dicho que hasta los 25 no sabría manejar, me habría dado un ataque y seguramente habría hecho hasta lo imposible para revertir esa situación, pero bueno, nunca es tarde para aprender,además me harté de ser cacho y depender de todo el mundo, me carga andar en el puto transantiago y que más encima me agarren el culo y por último porque algún día tengo que manejar, sobre todo si encuentro una pega.
Luego de cotizar distintos cursos y buscar incesantemente el más bueno, bonito y barato, llegué a una pequeña academia en Las Condes.
Más envenada que la cresta, (como si nunca más pudiese aprender a manejar), pedí mi primera clase para el día siguiente y más encima la pedí doble para mamarme en un sólo día la paja teórica.
Llegué temprano a mi primera clase y me instalaron en un pupitre para ver un video. Cuando pusieron play, en un momento pensé que era hueveo, porque la voz en off era como la de los chistes de gangosos de "Sandy". Después de un rato caché que era la voz del dueño de la academia, quien más encima se daba una que otra vuelta por si no entendía algo, así que preferí aguantarme un poco la risa.
Estaba sola, en medio de esa pequeña salita, pero feliz, porque así me di el tiempo de entender todo y aclarar hasta la duda más imbécil.
Al día siguiente me tocó la primera clase práctica. Mientras caminaba para llegar a tiempo, sentía cómo se iba empapando mi espalda y me daban ganas de ir corriendo al baño. Lo reconozco, soy una cobarde y más ahora que estoy más viejilla y con mayor sentido de la responsabilidad.
Me imaginaba una serie de situaciones y me daba lata mandarme muchas cagadas o romperle la paciencia a mi instructor, por mucho que digan que para eso están (son seres humanos igual).
Una vez sentada en el auto, siguiendo al pie de la letra todos los pasos, es decir, revisando los espejos, acomodando el asiento y poniéndome el cinturón, me sentí como las abuelitas, sentada más adelante que la cresta y con el manubrio casi incrustado en mi cara... pero no podía hacer nada al respecto, porque soy baja y las patas no me llegaban con facilidad al embrague.
Comienza mi tortura. El instructor me hace sacar el auto hacia plena avenida Las Condes y con un tráfico de la misma mierda. Estaba chupada y sentía que los latidos del corazón se me notaban en la garganta. Tratando de calmarme un poco, pensé que sería estúpido si chocara, sobre todo si hay una persona vigilándome. Además hinché tanto las pelotas con esta huevada, que ahora me veía obligada a dejar de joder.
Partí.
Para mi sorpresa, noté que no estaba tan mal como creía y dejé todo mi miedo en manos de mi instructor. Ese mismo relajo hizo que no hiciera tantas tonteras como cuando salía con mi pololo. Es que era tanto el nervio que hacía las leseras más insólitamente idiotas, como acelerar con el freno de mano puesto, entre otras.
Mi amiga pepis me dio el último impulso para decidirme en meterme a un curso y realmente es la mejor opción, sobre todo si no estás dispuesto a romper un pololeo, una amistad o emputecerte con algún pariente.
Ahora no escucho quejas, ni gritos, ni insultos, que más de alguna vez tuve que mamarmelos cuando salía con el mal genio de mi hermano...
Espero finalizar bien el curso y no ser de esas típicas huevonas que van con un pucho en una mano, el celular en el otro y dejando la mansa cagada a su paso... Por favor, no.
Sé que voy a cometer errores y me van a tocar la bocina, pero espero que nunca me pregunten si me gané los documentos en una rifa, ni cumplir la frase: "mujer al volante, peligro constante".